Se trata del primer intento para gestionar los flujos migratorios de forma integral y a escala internacional. “Refleja el entendimiento común de los Gobiernos de que la migración que cruza fronteras es, por definición, un fenómeno internacional y que para gestionar con efectividad esta realidad global es necesaria la cooperación para ampliar el impacto positivo para todos”, apuntó el Secretario General, António Guterres.

El pacto se estructura en torno a 23 grandes objetivos. Entre esas metas, hay algunas genéricas como la cooperación para abordar las casusas que motivan la migración o mejorar las vías de migración legal. Pero también hay compromisos concretos, como medidas contra la trata y el tráfico de personas, evitar la separación de las familias, usar la detención de migrantes sólo como última opción o reconocer el derecho de los migrantes irregulares a recibir salud y educación en sus países de destino.

Los Estados se comprometen también a mejorar su cooperación a la hora de salvar vidas de migrantes, con misiones de búsqueda y rescate, y garantizando que no se perseguirá legalmente a quien les dé apoyo de carácter “exclusivamente humanitario”.

Además, los Gobiernos prometen garantizar un regreso “seguro y digno” a los inmigrantes deportados y no expulsar a quienes se enfrentan a un “riesgo real y previsible” de muerte, tortura u otros tratos inhumanos.

El acuerdo no es vinculante y deja claro que cada Estado es soberano para determinar sus propias políticas en este ámbito. Es un marco para cooperar y lograr los objetivos que los propios países acordaron dos años antes en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes.

El anterior presidente de la Asamblea General Miroslav Lajčák destacó, en julio, que el pacto “no incentiva la migración y no trata de impedirla”. El documento “no dicta, no impone y respecta totalmente la soberanía de los Estados”, puede proporcionar “una nueva plataforma de cooperación” y es un recurso para “encontrar el equilibrio entre los derechos de las personas y la soberanía de los Estados”.

Inmigrante legal, ilegal, refugiado… ¿Cuál es la diferencia?

El pacto y la Conferencia de Marrakech se centran en los migrantes. La migración legal, o regular, se refiere a las personas que entran o se quedan en un país del que no son ciudadanos a través de canales legales. “Su posición en el país es conocida por el Gobierno y están en conformidad con las leyes y regulaciones”, explica Louise Arbour. “La gran mayoría de la gente que cruza una frontera lo hace a través de canales regulares”, por ejemplo, con una visa de estudiante o de trabajo o a través de procesos de reunificación familiar.

La migración ilegal “es la situación de las personas que están en un país y cuyo estatus no está en conformidad con los requisitos nacionales”. La mayoría de los inmigrantes indocumentados ha entrado al país de forma legal, por ejemplo, con una visa de turista, y se quedaron cuando caducó. “Pueden ser regularizados y, si no, necesitan volver a su país de origen”, puntualiza Arbour.

Los refugiados son personas que se encuentran fuera de su país de origen por temor a la persecución, al conflicto, la violencia generalizada, u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público y, en consecuencia, requieren protección internacional. La definición de refugiado se puede encontrar en la Convención de 1951 y en los instrumentos regionales relativos a los refugiados, así como en el Estatuto del ACNUR.

¿Por qué escucho tantas historias negativas sobre los inmigrantes?

Hay varias creencias erróneas muy extendidas sobre la migración. Por ejemplo, que es un fenómeno del sur al norte, de países pobres hacia los ricos. “En realidad la mayor parte de la migración es sur-sur, intrarregional”, explicó a Noticias ONU, Juan José Gómez Camacho, el embajador de México ante la ONU, que lideró la negociación junto a su homólogo suizo. “En América Latina un 60% de la migración se produce dentro de la región, en África es un 75%”, especificó.

Otro mito es que los países de origen de los migrantes son los que se benefician más de su trabajo en el extranjero. “Los migrantes hacen una contribución económica extraordinaria en los países donde están trabajando. Las remesas, tan importantes como son para algunos países, solo representan un 15% de los ingresos del migrante; el otro 85% se queda en el país de destino”, aclaró Gómez Camacho.

En el mundo, existen 250 millones de migrantes, que representan un 3,4% de la población mundial. Sin embargo, contribuyen un 9% del PIB mundial, con casi 7 trillones de dólares al año.

Si siempre ha habido migraciones, ¿por qué hay que preocuparnos ahora?

“En América Latina un 60% de la migración se produce dentro de la región, en África es un 75%”, especificó.

Es cierto que la migración no es un fenómeno nuevo, pero en los últimos años, el número de migrantes ha crecido mucho y se prevé que siga haciéndolo debido al cambio climático, explica Arbour.

Nota de: Beatriz Barral / Mustafa Al Gamal
https://news.un.org/es/story/2018/12/1447231