En Reportero CR alzamos la voz por los principios fundamentales del ejercicio periodístico en Costa Rica.

Han pasado nueve meses desde que el Presidente Alvarado asumió el mandato otorgado por la mayoría del pueblo, unos más o menos 1.300.000 votantes le dieron su apoyo creyendo que pese a sus 38 años “apenas” vividos podía girar las manecillas del conservadurismo y traernos de a poquitos al siglo XXI, con todo y reservas.

Lo que llama poderosamente la atención es que, pasada la campaña y la elección (+15 meses) sus opositores siguen diseminando en redes sociales extractos de sus libros malintencionadamente para desprestigiarle a él, a su esposa y a su familia costarricense en cada oportunidad que se les presente. El ataque deshumano (Aló #ética_periodística) de la semana fue a raíz de sus acercamientos con la Iglesia Católica y recientemente con el Papa Francisco durante su visita a Panamá.

Estas malas prácticas minan la calidad del debate serio y argumentativo del que podríamos estar siendo parte en este momento, ahora, hoy, todos y todas.

No en gratitud ni complicidad con el señor don Carlos Alvarado, sino como mero acto humano y llamados a la responsabilidad social desde Reportero CR le externamos una sentida consideración a los medios de comunicación locales, prensa escrita, medios de radio y televisión y los medios alternativos de comunicación colectiva digital para que fomentemos foros de discusión propositivos con pensamiento y reflexión.

Y que, dentro de la comunidad costarricense de periodistas y afines sean reprochadas tales prácticas antiéticas que socaban la dignidad y el orgullo del Oficio Periodista.

Pero veamos, ¿De qué trata el libro?

Jacobo Shifter, escritor de prestigio internacional, lo describe de la siguiente manera: 

“Tras la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de varios países latinoamericanos, entre ellos el de Costa Rica, instalaron campos de internamiento para confinar a los ciudadanos alemanes, italianos, japoneses y a sus descendientes. En este contexto se desarrolla Las posesiones.

Tres historias que se entrelazan en una: Ana Rodríguez y Samuel Roth reciben una carta con fecha de 1948. A partir de esta, se va descubriendo la relación que tiene el padre biológico de Ana con los crímenes ocurridos en la Segunda Guerra Mundial. Stefan Schmitz, un hijo de emigrantes alemanes que durante el conflicto mundial es internado en el campo de la Avenida 10 en San José. Gerhard, un hombre oscuro y abatido que vive en Colonia, Alemania, quien deposita en la búsqueda de un recuerdo de infancia la posibilidad de encontrar el sentido de su vida tras su divorcio.

Los abusos que sufrieron tanto judíos y alemanes en Costa Rica durante la II Guerra Mundial no se han del todo denunciado. Carlos Alvarado Quesada nos brinda una novela del tipo que no se puede dejar de leer en una noche.”

¿No lo ha leído aún?

Bueno acá lo pueden hasta descargar de forma gratuita si así lo desean.
https://www.goodreads.com/book/show/14061531-las-posesiones

Y después, sólo después de leerlo -como primer requisito- podríamos iniciar el debate de altura.